ESTRENO. Rosita Serrano

La Diva más grande de Chile.

La primera vez que me topé con el libro “Rosita Serrano: la Cantante Chilena del Tercer Reich” (Mariana Marusic y Maximiliano Misa), me sorprendió no haber escuchado nunca sobre esta historia. Estudié música y desde hace casi veinte años trabajo en ámbitos relacionados a ella, en conciertos, teatro, audiovisual, clases, entre otros. Sin embargo, nunca oí hablar de esta mujer y sus logros, ni siquiera en las clases de Historia en la escuela de música en la que estudié. Como me encanta espiar vidas ajenas (más si son historias bizarras y de músicas y músicos), me compré el libro de inmediato.

Y no me decepcioné (digamos que más por la historia misma que por la forma en que estaba contada). Una historia de cuento que incluye escenas en países exóticos, conversaciones tras bambalinas con Hitler, abrigos de gorila, príncipes egipcios, estadios repletos de fans enloquecidos, persecuciones de la Gestapo, controversias internacionales, y, como no, una muerte en el olvido y la pobreza en una tierra chilena que nunca reconoció el talento ni los logros de esta mujer.

Originaria de Quilpué, María Ester Aldunate del Campo (su verdadero nombre) llegó a Alemania cuando aún era una adolescente, para vivir con su madre, quien era cantante lírica de cierto renombre en el país. Cuentan los rumores que su ascenso a la fama comenzó cuando una de las radios más importantes de la nación se rindió ante la insistencia de Rosita que durante días se paró bajo la ventana gritando “¡tienen que escucharme!”. Desde ahí su carrera despegó como avión, llegando a grabar cientos de discos y filmar decenas de películas.

Al escuchar por primera vez su historia, como buena chilena, mi primer pensamiento fue de duda. Bueno, fue famosa, pero, ¿era buena música? Y, oh diosa, sí que lo era. Afortunadamente existen numerosos registros de video y audio (links a selección de videos al final de esta nota; de nada…) de “El Ruiseñor Chileno”, como fue apodada en Alemania por su maravillosa capacidad de usar el silbido como un virtuoso instrumento, y por su forma de cantar con un vibrato impresionantemente controlado y un amplio registro que le permitía llegar a notas alienígenamente altas que, en un repertorio totalmente popular y mayoritariamente latino, evidenciaban un entrenamiento lírico de toda una vida.

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Viendo sus videos no mentiré si digo que era una especie de Madonna de la época ya que era cantante, bailarina y actriz, emanando glamour, atractivo y carisma. Pero a diferencia de Madonna (no me odien las fans) era además tremenda cantante, guitarrista sólida y pájaro silbador. No es de extrañar que los alemanes cayeran literalmente rendidos a sus pies, como cuenta una de las anécdotas que aparecen en el libro: cuando Rosita ya estaba de vuelta en Chile y sumida en un total anonimato, una mujer alemana de edad avanzada al verla se tiró a sus pies gritando y casi desmayada, como si fuera una adolescente popera de los años 90 encontrándose con Britney Spears 40 años después. Tenía la pinta de estrella pop, de eso no hay duda. Inconfundible, con su metro ochenta de estatura, pelo rojizo, bellísimo rostro y grandes ojos verdes, además de una astuta forma de sacarle jugo a su onda “exótica” pronunciando exageradamente las “R” (incluso dicen que por eso se auto-bautizó Rosita Serrano, para que los alemanes se derritieran cada vez que decía “Rrrrrosita Serrrrrrano”).

En Chile nunca llegó a ser reconocida. La gente creía que estaba delirando cuando hablaba de su vida en Europa, sus aventuras en África y su matrimonio con un príncipe judío de Egipto. En 1997 y al mejor estilo de nuestros grandes músicos, murió en la pobreza en un departamento prestado por unos amigos en Santiago.

Según la contraportada del libro, la trayectoria musical de Rosita no tiene parangón en la memoria de nuestro país y en Alemania aún se editan discos recopilatorios con sus canciones. El director Dietmar Buchmann hizo un documental sobre ella y dice que llenaba estadios, incluyendo el Estadio Olímpico con capacidad para 75.000 personas, y agrega “es lo que logran hoy los Rollings Stones”. Guau. Me encanta la idea improbable de que en uno de esos conciertos haya cantado la canción “Corrío Chileno” que aparece en su disco de Vintage Music, con su onda operática diciendo “y ahora estoy queriendo a este huaso marrrdito”, y Hitler sentado en la galucha peinándose el bigote así como “oh, yes, yes, very nice, very nice” (pero en alemán).

 

Amiga de todos y todas, tal parece que Rosita vivió en una burbuja de ingenuidad en que el único principio y fin era cantar, y no existían cuestionamientos morales ni políticos que le impidieran codearse con los nazis ni salvar judíos. Ella siempre afirmó que cantaba para el pueblo y no para el régimen, y es cierto que lo hizo sin distinción para niños judíos huérfanos o para Goebbels y Hitler, quien tal vez no estuvo en el estadio como lo imagino en mi fantasía, pero sí que la fue a ver más de alguna vez y la saludó en persona, añadiendo la recomendación muy apropiadamente nazi de que mejor cantara en alemán. Cuando cantó para niños judíos huérfanos en Suecia se rompió definitivamente el affaire con los nacionalsocialistas, que ya hace tiempo la tenían en la mira a través de la Gestapo. La acusaron de traición y espionaje,  ganándose la expulsión definitiva de Alemania en 1943. Fue bastante el tiempo que tuvo hipnotizados a los nazis: parecían no notar que, aunque era blanquita y alta, igual era migrante latina, bailarina en paños menores y hacedora de cosas de hombres como fumar en público y manejar autos. Lo opuesto al modelo ejemplar de mujer abnegada, sumisa y discreta de la Alemania nazi. Tal vez, en parte, ese era el motivo por el cual la gente la amaba tanto. 

En cuanto al veredicto final sobre todo este tema de los nazis, no hay dictamen definitivo. O sea, si le cantó a Hitler la reacción lógica sería lanzarla a la hoguera porque en esta época actual ni al más grande artista se le perdona ser actor o cómplice de violaciones a los derechos humanos (si no, pregúntenle a Michael). Además, tenía un abrigo de gorila (true story). Pero si es cierto que escondió a judíos en su casa, que probablemente fue su narcisismo de superestrella lo que le impidió entender las implicancias de su cercanía al régimen nazi, y que no había conciencia sobre los gorilas en esa época, parece que la historia la perdona. No está claro aún. 

Pero lo que sí está claro es que, efectivamente, la estrella pop más grande que ha tenido Chile en toda su historia fue mujer. Era seca y se llamaba Rosita.

Mira el documental " Rosita, La favorita del Tercer Reich", realizado por su sobrino nieto PABLO BERTHELON:

https://www.youtube.com/watch?v=WsXhXQoktis


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